En política no hay casualidades. No es casual que Mario Vargas Llosa haya atacado frontalmente a Keiko Fujimori apenas pisó suelo peruano después de haber recibido el Nobel de Literatura.
Presumo que alguien le sugirió al novelista que hiciera una declaración contra Keiko cuando aterrizara en Lima, para polarizar la campaña entre la líder de Fuerza 2011 y el candidato de Vargas Llosa, el ex presidente Alejandro Toledo.
El propósito de la jugada era dejar relegados en el escenario electoral a Luis Castañeda Lossio, Mercedes Aráoz y Pedro Pablo Kuczynski, dejar en los electores la percepción manipulada de que la pelea electoral es solo entre Keiko y Toledo.
El problema es que el Nobel ha declarado con la misma sutileza con que un elefante ciego irrumpiría en una tienda de cristales. Una vez más, cayó presa de sus conocidos y viejos resentimientos.
Pareciera que cada vez que escucha el apellido Fujimori un furor incontenible brota de lo más profundo de sus entrañas, invade violenta y masivamente su torrente sanguíneo y obnubila su mente brillante. Es el “Trauma del 90’”.
Atacar a Keiko de una manera tan torpe, llamándola “hija de un asesino y ladrón”, acusarla de carecer de credenciales democráticas, no la daña a ella, todo lo contrario, le ha permitido ganar espacios estelares, al quedar como protagonista de un debate mano a mano con un Nobel.
La desproporcionada agresión verbal ha dejado a la señora Fujimori como víctima de un poderoso e influyente intelectual, quien se ha entrometido en la campaña usando su gran poder para ayudar a su favorito.
De lejos, Vargas tiene más poder e influencia que Alan García, pero cada vez que aquel se entromete en la campaña es ovacionado por los mismos ayayeros que lloran y se rasgan las vestiduras cuando García hace lo mismo. ¡Cuanta hipocresía!
Su ataque a Keiko sido tan desmesurado que ni siquiera Toledo lo ha apoyado, éste hizo apenas un comentario ambiguo para no dejar mal a su patrocinador.
Los demás contendores de Keiko en la lid electoral se han negado a aprobar lo dicho por Vargas. Mercedes Aráoz inclusive ha dado fe de la calidad democrática de la legisladora fujimorista.
La desproporción e injusticia del juicio del escritor también estriba en la valoración política que ha hecho del verdadero candidato antisistema, Ollanta Humala, a quien ha calificado de ¡moderado y democrático!
El novelista conoce la realidad política peruana, pero su análisis de ella está sesgado por sus fobias personales. Sigue fracasando como político en su país.
Para comenzar, no puede negar el origen y la legitimidad democrática de quien ha sido la congresista más votada de las últimas elecciones (602,869 votos).
Tampoco puede negar que con su nuevo liderazgo, el fujimorismo ha exhibido en un compromiso claro con la democracia, dándole gobernabilidad al país desde el Congreso cada vez que aquella ha sido amenazada por Humala y los demás ultras.
El escritor es implacable con el fujimorismo, pero amistoso con la izquierda caviar, a la que llama “herbívora” o inofensiva. No le importa que aquella sea enemiga entrañable de la libertad, y como tal saboteadora compulsiva y violenta de la inversión privada bajo la coartada de la defensa el medio ambiente.
Condena los excesos militares cometidos durante el gobierno de Fujimori en la guerra con el terrorismo, pero elogia a los presidentes en cuyos gobiernos ocurrieron los mayores excesos: Fernando Belaúnde y Alan García.
Tampoco le importa que la izquierda les haya abierto las puertas de las cárceles a más de diez mil terroristas, de los que muchos promueven hoy asonadas contra la democracia con el pretexto de oponerse a toda actividad extractiva.
El caos y el sabotaje campean hoy por doquier, el estado populista es incapaz de hacer respetar la autoridad democrática, el terrorismo ataca, los policías son asesinados en el nombre de la “protesta social” y los asesinos quedan impunes, las fuerzas armadas están casi desarmadas, los radicales frenan el avance de la inversión en minería y petróleo, pero Mario Vargas dice que “se ha fortalecido la democracia”. ¡De qué país está hablando, por Dios!
Confunde el avance económico con el progreso democrático. Mejor debería alejarse del terreno político peruano para no dañar su propia imagen, que hoy es, tras el Nobel, una parte de la imagen del Perú.
En estos días solo deberíamos estar hablando de su Nobel, del orgullo que sentimos los peruanos por su premio, de su brillante carrera literaria; deberíamos estar celebrando todos unidos tan honrosa distinción, pero él mismo se ha encargado de aguarnos la fiesta. Que pena.
Victor Robles Sosa
Periodista y Analista Político
El Odio y La Maldad no pasará keiko será nuestra Presidenta

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